Viajes

Aventura mochilera por países Mercosur

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Por Claudia Chávez Rivero – G.

Dormir en el aeropuerto porque es de madrugada y llegar a la estación vía taxi es caro y peligroso, es una situación contemplada dentro el itinerario de un mochilero, como perder el autobús con el equipaje dentro de la bodega, sin embargo, menos deseada porque amenaza el itinerario basado en un presupuesto muy apretado y de pronto puede ser peligro de muerte.

Al retornar al autobús que perdí, encontré a un predicador que se convirtió en delincuente, asesino o acosador potencial. Me decía para mis adentros, si hay una buena comunicación de la policía de carreteras con la línea de autobús podría salir con bien, luego, me respondía, – por más que alerten a la policía, mi vida corre un riesgo latente cada segundo porque no es violencia abierta y sabía que sólo terminaría cuando ese hombre saliese del autobús.

La aventura de nervios partidos comenzó a hora y media después de subir en la Rodoviária Novo Rio (estación terrestre) de Rio de Janeiro en un viaje que experimenté varios inconvenientes no exclusivos de mochileros, así que no había porqué hacer un drama, además desde Perú partida de mi periplo Mercosur, Mercado Común del Sur en alusión a los tres países que lo conforman y que visité: Argentina, Uruguay, Brasil, me autodenominé mochilera V.I.P inicialmente por mi maletita con ruedas ‘un poco chic’, también porque ya tenía cierta experiencia mochilera y mi organización como agente de viajes mochilera sentí que merecía la nominación para toda circunstancia.

La felicidad de haber reabordado el autobús bajó mi radar, mi sistema de inmunidad contra extraños y acepté la invitación de un pasajero que cargaba su biblia, para sentarme a su lado y agradecer a Dios recuperar el autobús.

Su conversación se remitía a la biblia y comentábamos entorno a ella. Llegó al punto de hablar de su aflicción personal por dejar a su hija mientras corrían lágrimas por sus mejillas – más tarde – pensaría que fue parte de su plan para ganar mi confianza. Claro todos tenemos porqué llorar, algo presente o pasado y si cambiamos de guión podemos ser buenos actores.

Mi voto de confianza se rompió cuando me dijo reiterativamente que no me mueva ‘fique fría’ desde luego en portugués, seguida de la misma frase en futuro y eso tiene dos acepciones: mantenerse tranquilo y morir. Me sorprendió por demás su actitud porque desde un inicio me dijo que si quería descansar o si quería terminar la conversación podía cambiar de lugar, entonces activé el arma de la psicología y la oportunidad.

Aproveché que el muchacho del asiento lateral conversaba de pie con el pasajero delantero, le pedí permiso y coloqué mi mochila de mano en el asiento vacío e inmediatamente me paré diciendo ‘mejor guardo el asiento antes que alguien lo ocupe y no pueda descansar’.

A pocos minutos, el autobús haría una parada que me permitió reportar el hecho al conductor y a toda persona a quien pude en el autoservicio, en ese caso, fue inútil porque argumentaron absurdamente que no tenían contacto con la policía, en fin, lo más importante es que el conductor contactó a la policía a mi solicitud que sumaba a su percepción, ya lo tenía registrado como de actitud extraña y sospechoso por sólo cargar una pequeña mochila de mano.

Cuando subió el sargento al autobús agradecí a Dios y a todas las fuerzas del universo. Sentí como si en el medio del desierto hubiese encontrado una botella con agua que duraría algunos kilómetros.

En una parada, bajó el sargento. Yo gritaba interiormente no se vaya y lo reemplazó un oficial uniformado, otra vez volví a respirar y estar más tranquila por su sola presencia, con mis estrategias mentales en espera como golpearlo en el estómago para que cayese si me apuntase con un cuchillo o pistola, si me tomase como rehén, si era un psicópata, delincuente, acosador, etc., su llamado para que volviese a sentarme a su lado era perturbador.

A tres horas de llegar a mi destino, Foz do Iguaçu, a 1472 kilómetros al sur de Rio, pude dormir finalmente, tras dieciocho horas de vigilia, porque se había ido.

En la próxima parada de estación, el conductor me indicó que era Foz do Iguaçu por eso bajé y retiré mi equipaje, pero se trataba de Cascavel, ciudad previa y el próximo autobús pasaría en tres horas, entonces, decidí ir al banco nacional para recoger una segunda transferencia bancaria, luego que extraviase mi tarjeta de débito en Buzios, Rio de Janeiro, pero la burocracia me negó la entrega del dinero a pesar de haber comprobado que era yo con mi pasaporte en orden y que además ya había cobrado otra transferencia, ¿Cómo era posible el rechazo? Porque dijeron que el envío tenía sólo mi primer nombre.

En Foz do Iguaçu, ciudad fronteriza con Argentina, fue imposible retirar el dinero a las 16 horas, treinta minutos después del cierre del banco que sólo atiende de Lunes a Viernes. Las transferencias bancarias se cobran de 11 a 14 horas. Este retraso modificó un día mi itinerario para visitar las cataratas de Iguazú en Argentina pues tendría que buscar una agencia internacional de transferencia monetaria y que retirasen el dinero del banco brasileño a la Ciudad de Puerto Iguazú.

Como dicen las abuelas ‘hijita, no hay mal que por bien no venga’ no pudo ser más conveniente porque tuve una lindísima visita a las Cataratas de Iguazú acompañada por delegaciones de escolares locales y de Buenos Aires, capital de Argentina, así como turistas solidarios con quienes intercambié el favor de tomar una foto. Esta suerte no se me hubiese atravesado un día antes, Viernes de 15 a 17 horas porque es un día laborable, sin mencionar que una visita medianamente satisfactoria demanda tres horas y media.

Todos mis buenos recuerdos de mi viaje ‘Mercosur’ tras el susto del hostigador, desfilaban, camino a la capital argentina, en el crucero sobre ruedas (en 16 horas de viaje) desde Puerto Iguazú porque sentía que me deslizaba en una alfombra voladora con la comodidad de un mobiliario muy bien mantenido y la atención A1 en la cena y desayuno, el staff de la agencia que atienden cordial y efectivamente a todo el público, además de cuidar el equipaje de pasajeros. Su ayuda me permitió movilizarme ágilmente y resolver mis problemas antes de hospedarme en mi hotel mochilero.

En mi tour Mercosur coleccioné muchos amigos públicos como Franklyn Gonzáles, un pescador uruguayo vendedor de artesanías con quien charlé de política latinoamericana, de las playas, me cuidó el equipaje y me tomó una foto, cargó mi equipaje para cruzar la calle, me obsequió un caracol- para la buena suerte- me dijo y vaya que contribuyó en ese propósito. Se despidió con una mano franca.

En general como en todas partes pasa de todo, pero en Uruguay donde llegué a través del Río de la Plata desde Argentina, comprobé que practican el eslogan de turismo, un turista, un amigo y el buen nivel educativo de la gente. Saludos a la Sra. Rosa,Yanet del hotel en Maldonado, ciudad que tiene como balneario a Punta del Este, al Sr. Daniel del terminal terrestre de esa ciudad que me acompañó pasada la media noche, para variar, en lugar de haber seguido a la próxima terminal, a los chicos del aeropuerto, a la chica del autobús, son tantos …

También guardo de Argentina al perrito basset hound chusco de la estación ‘Iguazú’ que se contorneó con mi pantalón térmico para secarse la lluvia, le permití usarme como toalla su mirada tierna fue un regalo, me decía ‘llévame’, desafortunadamente, eso no era posible.

Y de Brasil, me llevé la solidaridad y alegría de la gente de la cadena del hotel mochilero donde me hospedé y la señora amorosa que cuidaba las maletas en Cascabel, el vigilante del aeropuerto de Río que nos cuidaba, a todos los que dormíamos en los sillones de espera, en mi caso, me resultó más barato que el boleto terrestre considerando la estadía en hostales y la alimentación por los dos días que me hubiese tomado esa conexión.

La naturaleza, todas las playas, el río, los animales, las plantas están en mi retina de mi viaje Mercosur.

A pesar de las vicisitudes que un mochilero puede pasar es una experiencia que merece la pena por el autoconocimiento, la solidaridad, el crecimiento que brinda todo viaje, pero de esta forma se subraya más la forma de viajar ligero con lo justo y necesario en armonía con la naturaleza. De todas maneras se abraza la felicidad.

2 pensamientos en “Aventura mochilera por países Mercosur

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