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Sara Joffré y su vida consagrada al teatro en Perú. Gracias, maestra!

En You Tube por Virginia Vilchez.

Prensarte: La Señora del teatro en Perú, Sara Joffré, dedicó su vida a diferentes áreas del teatro. Todas con amor y energía. Tuve la buena fortuna de conocerla cuando manejaba su bicicleta. La felicité por su energía y buena voluntad. Ella sonrió, brevemente charlamos, me invitó a que la visite en su casa. En ese momento, no tenía idea de la vasta carrera de la Señora Sara Joffré. Lamento no haber coordinado el encuentro y justo cuando tenía agendado visitarla, ella parte de este mundo. Hace poco, presentaba su obra infantil ‘Cocorocó, Quiquiriquí…Qué pasa aquí?, siempre activa, se fue trabajando en un viaje bendecido. Muchas gracias, Señora Sara Joffré.

El reconocido actor Alberto Ísola contó su relación con la dramaturga Sara Joffré. Y el destacado dramaturgo, César de María escribió una columna al respecto. Fuente: Diario El Comercio de Perú.

ÍSOLA Y JOFFRÉ
“Aprendí de Sara el amor por el teatro. Pero no un amor fácil, idílico –nada en Sara era fácil ni idílico–, sino combativo, vehemente, arrollador. Ese amor que te puede llevar a ser a veces brutal, pero que es verdadero, y que se traduce en acciones. Te decía lo que pensaba. Arbitraria, despiadada, pero siempre desde el mismo punto de partida: que nuestro teatro fuera mejor”.

“Como creadora, es una de nuestras dramaturgas fundamentales. Tres títulos bastarían: En el jardín de Mónica, Una obligación y La hija de Lope. Además, sus piezas para niños son verdaderos pilones del movimiento de teatro infantil que vendría después”.

“Quiero destacar su tarea como editora. Durante tres décadas, fue la única persona que se dedicaba a la publicación y difusión de nuestra dramaturgia actual. Primero, con sus libritos y, luego, con Muestra, que editaba y vendía. Fue, además, una de las impulsadoras de la Muestra Nacional de Teatro que permitía el intercambio de grupos teatrales de todo el país”.

ÍSOLA SOBRE SARA

– En los 90, en El Comercio, Sara escribió una crítica que me pareció excesiva e inaceptable. Le contesté con una carta igualmente dura. Hizo historia la carta esa. Así era, jodida.

EJEMPLO DE ENTREGA E INTEGRIDAD
César de María
Dramaturgo
Sara Joffré fue uno de los motores del teatro peruano contemporáneo. Formada en el Club de Teatro de Lima bajo el rigor de Reynaldo D’Amore, comenzó dedicándose a la actuación y la dramaturgia para luego iniciar, a comienzos de los 60, su primera aventura histórica: la creación del grupo de teatro para niños más importante del siglo XX: Los Grillos.

Los Grillos fue un ejemplo de organización en una década en que el teatro de grupo se pone a la vanguardia de la creación escénica nacional y florecen otros como Yuyachkani o Cuatrotablas. Pero, a diferencia de ellos, Sara defendió siempre al escritor de teatro peruano, y para destacar la labor de nuestros autores creó en 1974 la “Muestra de Teatro Peruano”, un evento anual que reunía montajes de todo el país con una única condición: que se pongan obras escritas aquí, y que sigue vivo hasta hoy.

Ya para entonces había editado varios libros con obras infantiles (en la serie Vamos al teatro con Los Grillos) y esta labor continuó con la edición de más de diez tomos de obras teatrales. Sara fue un ejemplo de talento total: actuó, escribió, tradujo, dirigió, editó, produjo y promocionó obras y textos sin cansancio ni mayor interés que enriquecer nuestra escena.

En los 80, inició su trabajo como crítica teatral, que continuaría hasta el fin de sus días. Esta labor corre paralela a su decisión de estudiar Arte en la UNMSM, pasados los 50 años, decisión que la llevó a encabezar un movimiento renovador del teatro universitario. Viajera incansable, Sara bebía de todas las fuentes y devolvía lo ganado y lo aprendido a cuanto joven teatrista se le acercara. Dedicó sus últimos años, también, a la edición de la revista Muestra, en la que insistió en promocionar piezas nuevas. Deja un ejemplo de entrega, integridad, creatividad y capacidad de trabajo que pocos podríamos seguir, pero que muchos tomamos como guía. Sus 79 años de vida valieron más que el mismo siglo que le tocó vivir.

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