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La vida sentimental de novela del escritor Mario Vargas Llosa

Mario Vargas LlosaFoto:identi.li

Fuente: Diario el Mundo de España

  • Junto a su Patricia (su aún esposa de 50 años de matrimonio) volvía a Lima en barco cuando conoció a una mujer casada.

  • Quisieron fugarse pero algo lo impidió. La leyenda dice que eran hermanos putativos.

  • En París alternó el amor de su tía Julia con el incipiente romance con su prima

    “Fuimos al cine” “¿Y qué película vieron?”. “No lo sé. Patricia, ¿qué película hemos visto?”.

    Desde siempre, las anécdotas sobre Mario Vargas Llosa y Patricia Llosa Urquidi se han dirigido en la misma dirección: retratarlo a él como un hombre ensimismado en sus historias y a ella como la mujer empeñada en mantener el hilo entre la tierra y su chico soñador. Ahora ya no, ya casi no circulan los chascarrillos desde que Isabel Preysler y el escritor sostienen una relación senitmental. Los amigos de Mario y Patricia prefieren callar. “Cualquier cosa que le diga ahora va ser malinterpretada”. Y los que han sido, más que amigos, compañeros de viaje, reconocen que Vargas Llosa es un caballero que, detrás de su fachada de amabilidad impecable, nunca deja saber gran cosa de su intimidad. “Pero, bueno, la historia de Patricia y Mario está los libros. Búsquela en los libros si quiere saberla”.

  • Mario Vargas Llosa e Isabel PreyslerMario Vargas Llosa e Isabel Preysler. Foto: Hola de España
  • MVV, Patricia Llosa e Isabel PreyslerHace décadas MVLL, su esposa Patricia Llosa e Isabel Preysler.Foto: El Universal de Colombia
  • A eso vamos. La bibliografía podría ser muy amplia, empezaría en ‘La tía Julia y el escribidor’ y en su réplica, ‘Lo que Varguitas no dijo’, de Julia Urquidi. Pero nos centraremos en tres títulos: ‘Aquellos años del boom’, de Xavi Ayén (RBA, 2014), ‘Mario Vargas Llosa; el vicio de escribir’, de J.J. Armas Marcelo (Alfaguara, 2002), y ‘El pez en el agua’, del propio Mario (Seix Barral, 1993).

    La primera escena es confusa, pero demasiado sugerente como para dejarla pasar. Ayén la relata citando a Julia Urquidi, la primera mujer de Vargas Llosa, la tía de Mario y Patricia, la tía Julia de la novela. Cochabamba, Bolivia, 1945: Mario tenía nueve años, Julia, 19 y Patricia estaba a punto de nacer. Mario quiso espiar el parto, pero Julia lo descubrió y le regañó. Qué momento cinematográfico, ¿verdad? La pena es que Mario cuenta en ‘El pez en el agua’ que la escena existió pero no en el momento en el que nació Patricia sino un par de años antes, cuando nació su otra prima, Wanda.

  • Mario Vargas Llosa y su prima Patricia LlosaMario Vargas Llosa y su prima Patricia Llosa. Foto: que.es
  • Da igual: merece la pena detenerse en aquellos años de Cochabamba. Mario Vargas Llosa había nacido sin padre. Se ha contado mil veces que su madre, Dora, le contó a su único hijo que Pedro, su padre, había muerto durante la gestación. Y así, huérfano, creció el futuro escritor entre mujeres, mimado y feliz. La familia se trasladó de Arequipa a Cochabamba porque el abuelo de Mario era el cónsul del Perú en la ciudad y allí el chico echó a escribir cuentos y obritas de teatro como un príncipe.
     
    La ‘resurrección’ del padre
     
    Después, cuando Mario tenía 10 años, resultó que Pedro, el padre, seguía vivo. Reapareció en la vida de su hijo con dos hermanos estadounidenses y un afán por enderazar a Mario, al que veía “medio poeta, medio maricón”, según explica Armas Marcelo. Por eso, el ingreso de Vargas Llosa en la Escuela Militar Leoncio Prado de Lima, el escenario brutal de ‘La ciudad y los perros’. Pedro Vargas no consiguió cambiar el destino de su hijo, al contrario, lo aceleró, pero esa es otra historia.De alguno de esos veranos de la adolescencia vienen estos recuerdos escritos por Mario Vargas Llosa en 1993: “Mis primas quedaron encargadas de despertarme cada mañana. Wandita lo hacía con delicadeza; la menor, Patricia, aprovechaba la ocasión para dar rienda suelta a sus malos instintos y no tenía empacho en echarme encima un vaso de agua. Era un pequeño demonio de siete años disimulado tras una carita de nariz respingada, ojos fulminantes y cabellos crespos. […] Sus malacrianzas batieron todos los récords de la tradición familiar, incluso los míos. Cuando no le daban gusto en algo, la prima Patricia era capaz de llorar y zapatear horas de horas hasta sacar de sus casillas al tío Lucho, a quien yo vi, una vez, meterla vestida a la ducha, a ver si dejaba de chillar”.La tentación es jugar al psicoanálisis e interpretar que este cuadro (madres, tías y primas consentidoras; padre ausente/frustrador) el principio del hilo que llevó a Vargas Llosa a casarse primero con su tía y después con su prima. “Yo creo que Mario siempre ha llevado con mucha naturalidad sus matrimonios en la familia. Si lo ve con un poco de perspectiva, no es tan extraño”, explica una colega de Vargas Llosa, conocida desde los años de Barcelona.

    El triángulo familiar

    Tía JuliaMario Vargas Llosa y su primera esposa, Julia Urquidi. Foto: cotilleando.com

    También se ha contado mil veces la historia de Mario y Julia. Todos tenemos en la cabeza su cortejo gracias a ‘La tía Julia y el escribidor’. Menos conocida es la historia de su ruptura. En 1959, Vargas Llosa consiguió una beca para terminar su doctorado en Madrid. Pero España era entonces un país claustrofóbico e inculto que sólo le sirvió al peruano de lanzadera. Al siguiente curso, Mario ya estaba en París. Trabajaba de traductor, vivía en un hotel de la orilla izquierda (el Wetter) y tenía a Julia a su lado. Ayén y Armas Marcelo hablan de una primera crisis: Mario se enamoró de una mexicana (una traductora o una actriz, según la fuente) y el matrimonio se tambaleó por primera vez. Después remontaron, llegó la prima Wanda a París, se instaló con la pareja (su primo y su tía) y, al año siguiente, la extraña familia recibió a la prima-sobrina-hermana pequeña, a Patricia, que era aún una adolescente. Entonces, las cosas se fueron deslizando. Armas Marcelo cuenta que, una noche, Julio Ramón Ribeyro se llevó a Patricia a bailar. Cuando volvieron a casa, el primo Mario los esperaba impaciente y exaltado, como el que espera a una enamorada descocada. Ribeyro tomó nota de que algo raro pasaba entre los primos.

    En julio de 1962, Wanda murió en un accidente de avión. En el duelo, el triángulo se hizo explícito, estalló. Un año más tarde, Julia concedió el divorcio a Mario (en buenos términos y con una bonita indemnización para ella: los derechos de La ciudad y los perros). Y, en 1964, los primos Patricia Llosa Urquidi y Mario Vargas Llosa, ya un escritor de éxito, contrajeron matrimonio.

    Mario Vargas Llosa, su esposa Patricia y su hija MorganaMario Vargas Llosa, su esposa Patricia y su hija Morgana.Foto: oocities.org

    ¿Y fueron felices y comieron perdices? No tan deprisa. Armas Marcelo habla en ‘El vicio de escribir’ de un extraño mecanismo mental por el que Vargas Llosa creía que una vida entregada a la literatura era incompatible con el proyecto de crear una familia. Ya antes, en París, cuando las idas y venidas entre Julia y Patricia, Mario tomó la determinación de dejar de escribir para así poder tener una vida normal. La agente Carmen Balcells, según cuenta Xavi Ayén, tuvo que mediar para que su protegido volviera a la literatura.

    Por eso, Mario esquivó la paternidad mientras pudo. La pareja se trasladó a Londres, a un apartamento en Cricklewood, y allí aparecieron por fin los hijos, Álvaro y Gonzalo (los dos nacieron en Lima durante los años londinenses). Mario y Patricia llegaron a un acuerdo, quién sabe si implícito o explícito, sobre cómo iba a ser su matrimonio: él se dedicaría a escribir (en esa época, Conversación en La Catedral) con la disciplina de un cadete; ella resolvería todo lo demás. “Mario es de esos hombres que, sin su mujer, no sabrían ni vestirse”, es una frase que hemos escuchado todos los que trabajamos en el mundillo literario.

    Pero esa es, sin duda, una exageración. Mario Vargas Llosa ha sido siempre un hombre coqueto en el mejor sentido de la palabra. Los veteranos del boom lo recuerdan como a un muchacho guapo, formal y pulcramente vestido, incluso durante los años de Barcelona, cuando sus amigos (Donoso, García Márquez, Cortázar…) vestían con harapos y sandalias. “Le fallaba un poco la voz, ese timbre un poco aflautado, pero era un hombre que gustaba a las mujeres. Y así ha sido siempre hasta hoy. Hubo una época en la que parecía que iba a coger peso, pero no. Sigue siendo el mismo de siempre pero canoso y con algunas arrugas”.

    De modo que Mario gustaba a las mujeres. ¿Era un conquistador? No hay muchos datos al respecto en los libros, sólo una alusión de Armas Marcelo a algún texto del editor Carlos Barral que decía que sí, que pasaban cosas pero nada verdaderamente importante “porque no eran dentro de la familia”. También queda una vieja entrevista en la Vargas Llosa decía que claro que había chicas que le parecían atractivas pero no, no, si él no tenía ni tiempo para nada…

    La aparición de Susana

    Hasta que la vida colocó a Patricia y Mario en el quicio de su matrimonio. En 1974, después de varios años felices en Barcelona, la familia decidió volver a Lima. “No sé por qué me fui de Barcelona”, reconoce Vargas Llosa en el libro de Ayén. El viaje es en barco, a bordo de un ferry italiano llamado Rossini. Y ahí, en la travesía, hay una cena de gala en la que aparece una pareja de amigos de Alfredo Bryce Echenique que pasaban por allí y llega el flechazo que conduce a Mario y Patricia hasta el abismo de la separación. Ayén identifica a la mujer como Susana D.C., casada con el arquitecto Andrés B.

    Al llegar a Lima, Patricia no quería saber nada de su marido. Mario y Susana tomaron el camino de vuelta a Barcelona dispuestos a empezar una nueva vida pero las cosas no cuajaron. En Barajas, el marido de Susana se presentó ante Mario hecho una furia, quizá armado, e impidió su escapada. En medio, corrió un rumor enloquecido: Susana y Mario habían renunciado a estar juntos porque, por el camino, descubrieron que son hermanos putativos. Ayén dice que todo fue una broma de Carlos Barral, pero aún hay quien cree que fue Carmen Balcells quien inventó la aventura para forzar a Mario a que sentara cabeza. E incluso queda quien cuenta que Susana era familia política de los Llosa. ¿quién sabe? Da igual: hacia 1975, Mario y Patricia vuelven a estar juntos en Lima. Su crisis sólo dejó una víctima definitiva: la amistad de Vargas Llosa con Gabriel García Márquez, al que el peruano reprochó un comportamiento desleal durante su separación. Aquella historia del puñetazo en el ojo izquierdo de Gabo…

    Mario Vargas Llosa, su esposa Patricia Llosa, José Donoso y PilarSerrano,  su esposa, Mercedes Barcha mujer de Gabriel Garcia Márquez y García MárquezDe izquierda a derecha: Mario Vargas Llosa, su esposa Patricia Llosa, José Donoso y Pilar Serrano,  su esposa, Mercedes Barcha mujer de Gabriel Garcia Márquez y García Márquez. Barcelona en los años 70. Foto: marioelescribidor.blogspot.com

    Hace un año, cuando aún se podía hacer bromas sobre Vargas Llosa y Patricia, un conocido de la pareja explicaba una hipótesis sobre cómo funcionaba su pareja: “Si todos los matrimonios acaban por parecerse parejas de hermanos, qué no ocurrirá en un matrimonio de primos. En la pareja de Mario y Patricia pesa más el hecho de ser familia que el de ser marido y mujer”. Hasta ahora.

    MVLL y Patricia Llosa adultosJulia Urquidi mayorJulia Urquidi, tía y primera esposa de MVLL. Fotos: vanitatis.elconfidencial.com y Los tiempos

    Vargas Llosa  jovenFoto: biblioteca.cchs.csic.es

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