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Invertir en el sentido común, tarea de lo público y lo privado

invertir en el sentido comúnImagen: crearfuturoglobal

Escrito por Claudia Chávez Rivero – Gonzáles para https://prensarte.wordpress.com/

El Presidente de Perú, Ollanta Humala, en el segundo semestre del año en curso, declaró que los empresarios deben ponerse la camiseta, que están usando máscara de oxígeno y por eso no invierten, esto deja la responsabilidad mayor a los empresarios sin considerar la seguridad jurídica y la transparencia para el crecimiento de las inversiones privadas y públicas.

A partir de esa declaración, desarrollo apuntes que corresponden a este gobierno y cualesquiera sea el de turno, en principio, le corresponde brindar las condiciones para que los empresarios inviertan, y desde luego, supervisar que se cumpla lo establecido en los contratos que suponen son en favor del país y no el disfraz por una ‘coima’ en la cual se benefician los funcionarios.

Considero que un país debe ser el ‘negocio’ viable que nunca cierra porque debe ser el modelo de desarrollo para todos los ciudadanos que allí habitan, dentro de una comunidad internacional legal y moral.

Los vacíos legales, es decir la ausencia de las leyes correspondientes con sus respectivos reglamentos para que se puedan ejecutar, en cuanto a lo legislativo; a lo judicial la falta de cumplimiento y la voluntad política que no acompaña a ambas son caldo de cultivo para que proliferen inversiones y gobiernos inescrupulosos.

Muchos ciudadanos de a pie, tienen una imagen del sector empresarial opresora, más que desarrollo para ellos mismos, donde la transparencia y la seguridad jurídica quedan de lado tanto como explicaciones de macroeconomía. Sus empleadores piden reajustes a sus empleados en cuanto a los sueldos, etc, mientras conocen que los dueños, directores y gerentes de las empresas grandes no se ajustan tal cual lo piden y siguen con el mismo consumo en cosas y viajes. Acá vienen los viejos debates del capitalismo y teorías económicas de los padres de la economía y claro por sentido común, de derecho: el que genera, el que más trabaja, más tiene.

Las autoridades estatales son confiables cuando no modifican contratos ni a favor, ni en contra de inversionistas, sólo lo que estipula la ley. Cada Estado es soberano para aceptar o no una inversión y es responsable si negocia bien o no, por ejemplo, un tlc, que será uno de los marcos de inversiones.

El gobierno debe hacer lo que le corresponde y la empresa privada lo mismo, si se inmiscuyen en el ámbito del otro, entonces se convierte en perverso. El ejemplo de esto es cuando los pobladores dicen las empresas mineras son las que deben poner servicios de todo tipo, aunque en la práctica en las dos últimas décadas haya mayor participación privada en funciones que corresponden al Estado. Ambos en sus ámbitos, deben exhibir la contabilidad limpia para rendir cuentas. Los ciudadanos de zonas de explotación minera desconfían de esas inversiones a causa de los antecedentes de pasivos mineros no sólo de vieja data, y por tanto es la exigencia que ninguna empresa se retire del país con pasivos de relaves mineros que contaminan.

Con excepciones los gobiernos regionales o locales hacen lo mejor que pueden con el dinero que administran. También es verdad que el problema legal es que hay candados contraprudecentes para destinar el dinero, entonces no sólo se dejan de hacer obras por incompetencia o mala administración, otra vez, es primordial la emisión de leyes técnicas. Por citar, el dinero del canon minero, que reciben las zonas en donde se explotó el recurso, por 50% del impuesto de renta anual que obtiene el Estado desde el 2003 o el presupuesto designado por el Estado, respectivamente.

La seguridad jurídica, fuera de leyes o acuerdos que protejan las inversiones, se sustenta en poderes del Estado independientes y competentes: un poder legislativo que emita leyes a favor de necesidades sociales, que no sean leyes a medida que se comprueban en el pasado y el futuro de ser así ratificará el retroceso hacia el desarrollo. El poder judicial y la administración pública eficiente en cada ámbito, como en lo básico, que es acceso a la información, la no duplicidad de funciones, la no prevalencia de criterios políticos sobre técnicos y como parte del clima de negocios favorable es importante que la criminalidad sea mínima y controlada por un sistema de seguridad ciudadana que funcione.

Que en la práctica este clima de negocios favorable se haga tangible y por ejemplo, que no haya necesidad que un importador tenga que denunciar en prensa el robo de un contenedor con sus productos por 250 mil dólares en el terminal portuario del Callao donde nadie asume responsabilidades, como él se pregunta ¿Cómo estas cosas pueden pasar en nuestro país que pugna por un comercio internacional moderno, serio y con seguridad para que mucha gente invierta? Esto más bien genera mucha incertidumbre. Hoy su mercadería se vende en el mercado inescrupuloso a mitad de precio.

Las políticas de incentivo a la inversión deben estar disponibles para el inversionista local como para el extranjero liderado por un gobierno transparente que impide que el inversionista sea escogido a dedo. Varios postores deben competir limpiamente. En casos de inversiones corruptas, muchas veces el o los elegidos tienen otros holdings que operan en bolsa y su elección responde a esos intereses. Otra competencia desleal son los capitales comprobadamente ‘golondrinos’ que compiten con exportadores competitivos que llegan sólo para aprovecharse de altas tasas de rentabilidad y de inmediato vuelan como golondrinas.

Los inversionistas evitan los lugares con inestabilidad política que implica riesgos de golpes militares, conflictos armados pues hacen sus inversiones menos rentables. La transparencia elimina costos de riesgos de inversión. Transparencia del gobierno y estabilidad política son partes visibles de una democracia en la práctica.

Una economía saludable tiene inversiones públicas y privadas, un equilibrio entre ambas, de lo contrario, hay abuso de cualquiera de los dos lados. Es la ley de la naturaleza humana y del principio de la democracia.

En otro artículo, menciono ‘Los residuos de una empresa se convierten en las materias primas de la otra’, una analogía respecto a las inversiones es la cadena virtuosa de inversiones en la cual participen Empresarios + Científicos + Estado (sociedad y órganos de gobierno) + Socios de otras actividades, esto aunque suene utópico.

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